sábado, 8 de junio de 2013

LA TAREA




Tras una profunda reforma y reestructuración del sistema educativo en el Ecuador. Reestructuración que promete algunos resultados para dentro de un lustro y en una década una educación de calidad, quienes somos el sostén económico y demográfico del sistema: los padres y madres de familia, debemos padecer día a día aquellos comportamientos que con reforma y reestructuración revolucionarias, no han sido desterrados de la costumbre de la mayoría –yo diría que de casi la totalidad de escuelas y centros educativos- como es la vieja costumbre de enviar a l@s estudiantes todo tipo de tareas, deberes, trabajos, aportes, que finalmente deben ser realizados por padres y madres; y no por l@s alumn@s.
Maquetas de sistemas montañosos, videos de actividades artísticas, figuras a escala, artesanías y toda una extensa gama de tareas que demandan tiempo, dinero y mucha paciencia, son enviadas como trabajos con calificación por parte de docentes que determinan fecha de entrega, puntuación y valoración de la tarea.
He visto como muchas familias deben dejar de lado horas de descanso, merecidas tras sus jornadas de trabajo, o la posibilidad de compartir otro tipo de actividades para dedicarse a “ayudar” (léase hacer) el trabajo enviado desde la escuela para l@s alumn@s.
Much@s niñ@s experimentan en sus casas la frustración ante una tarea que rebasa sus capacidades, entonces acuden sus progenitores presurosos, no solo para evitar que se frustren sino a realizar el trabajo que es puntuado.
L@s Docentes colocarán al trabajo una puntuación que será determinante en la calificación obtenida, pero todos los niveles involucrados: docentes, alumnado y familia saben que el trabajo debió ser realizado no por l@s alumn@s, sino por los adultos de la casa.
¿Es esto correcto?  ¿Es honesto? ¿Es necesario?  Sobre esas tres preguntas quisiera escuchar que tienen que decirnos las autoridades que propugnan la revolución educativa, la transformación del sistema y  la renovación  de la planta docente del país.