Tras una
profunda reforma y reestructuración del sistema educativo en el Ecuador.
Reestructuración que promete algunos resultados para dentro de un lustro y en
una década una educación de calidad, quienes somos el sostén económico y
demográfico del sistema: los padres y madres de familia, debemos padecer día a
día aquellos comportamientos que con reforma y reestructuración
revolucionarias, no han sido desterrados de la costumbre de la mayoría –yo
diría que de casi la totalidad de escuelas y centros educativos- como es la
vieja costumbre de enviar a l@s estudiantes todo tipo de tareas, deberes,
trabajos, aportes, que finalmente deben ser realizados por padres y madres; y
no por l@s alumn@s.
Maquetas de
sistemas montañosos, videos de actividades artísticas, figuras a escala,
artesanías y toda una extensa gama de tareas que demandan tiempo, dinero y
mucha paciencia, son enviadas como trabajos con calificación por parte de
docentes que determinan fecha de entrega, puntuación y valoración de la tarea.
He visto como
muchas familias deben dejar de lado horas de descanso, merecidas tras sus
jornadas de trabajo, o la posibilidad de compartir otro tipo de actividades
para dedicarse a “ayudar” (léase hacer) el trabajo enviado desde la escuela
para l@s alumn@s.
Much@s niñ@s
experimentan en sus casas la frustración ante una tarea que rebasa sus
capacidades, entonces acuden sus progenitores presurosos, no solo para evitar
que se frustren sino a realizar el trabajo que es puntuado.
L@s Docentes
colocarán al trabajo una puntuación que será determinante en la calificación
obtenida, pero todos los niveles involucrados: docentes, alumnado y familia
saben que el trabajo debió ser realizado no por l@s alumn@s, sino por los
adultos de la casa.
¿Es esto
correcto? ¿Es honesto? ¿Es
necesario? Sobre esas tres
preguntas quisiera escuchar que tienen que decirnos las autoridades que
propugnan la revolución educativa, la transformación del sistema y la renovación de la planta docente del país.