LA REBELIÓN INDÍGENA
Sobre los sucesos ocurridos en 1920, poco se ha escrito y profundizado y casi no existen imágenes que
nos remitan a lo acontecido. Sin
enunciarlo abiertamente, es como si la sociedad cuencana hubiese decidido
olvidar estos hechos, activar esa parte de la memoria que es la capacidad de
eliminar los recuerdos, quizás porque estos sucesos protagonizados por los
indígenas no se acoplan a los cánones establecidos como la identidad cuencana;
“…Quizás sea, como ya se ha dicho, que la memoria indefectiblemente nos remita
a la identidad y que ambas se sustenten de manera recíproca, como alegaba Elie
Wiesel”. Aunque hay algunos datos importantes, como los referidos por la
historiadora Ana Luz Borrero: “Al grito
de “sal o sangre” los indígenas se tomaron Cuenca en 1925, años antes habían
protestado porque se pretendió que pagaran con sus impuestos la
celebración del Centenario de la
Independencia, ahora clamaban por sal…”
Imbuidos como estaban con el esplendor de la Belle Epoque, los cuencanos
acomodados de esa época, no se afectaron mayormente cuando vieron que debido a la I Guerra
Mundial, hubo una merma en las ventas del sombrero de paja toquilla, así como
algunos años de baja producción agrícola provocada por factores ambientales; y
estando próximos a celebrar el primer centenario de independencia, su prioridad
era la celebración; por eso “pidieron que los campesinos contribuyeran con su
mano de obra, a través de mingas organizadas por los tenientes políticos, sino
que también (decretaron que) a través de impuestos deberían pagar los costos de
la fiesta, así es que se había elevado el impuesto al aguardiente y otros”. La
reacción indígena y campesina fue casi inmediata, en marzo y abril empiezan a
tomarse algunos puntos alrededor de Cuenca, lo cual desemboca de manera
dramática cuando “…para el 4 de abril, unos 5000 indígenas se reúnen en el
Tablón de Ricaurte, que deciden avanzar contra Cuenca y las autoridades,
algunas noticias de la época hablan de unos 10.000 a 12.000 indígenas. El
Diario “El Progreso” publica los nombres de los cabecillas de las huelgas,
algunos de ellos con sus mujeres, que también incitaban a la huelga”.
Los indígenas no iban armados, apenas si blandían algunos instrumentos de
trabajo de sus faena diaria, cuchillos y pedazos de madera tallados en forma de
lanzas, mientras que los cuencanos del centro eran quienes disparaban y se
apertrechaban como si fueran a una guerra; sin embargo, el relato periodístico
de “El
Progreso”, que expresaba la manera de sentir de los cuencanos de esa época,
nos remite a una cobertura marcada por
un discurso de superioridad y benevolencia hacia los indios. El periódico
además se declara como abanderado de la “prensa
católica de Cuenca” y defensor de la religión y la voluntad divina; en
clara oposición a la “maledicencia y maldad de los liberales”.


