domingo, 24 de junio de 2012

¿Quién triunfa en las ciudades?



Estoy leyendo EL TRIUNFO DE LAS CIUDADES de Edward Glaeser, profesor de economía de Harvard, el libro es una investigación que plantea “Cómo nuestra creación nos hace más ricos, más inteligentes, más ecológicos, más sanos y más felices”, tomando en consideración que nuestra creación son las ciudades en las que vivimos.
Es fantástico entender como funcionan las ciudades, cómo se transforman y cómo unas se impulsan solas mientras otras se debilitan y se extinguen, bastante lógico es suponer que mientras más grande y reflexiva es una ciudad, hay mayores posibilidades de encontrar mejores opciones de vida.
La gente que llega a, o pasa por, Cuenca coincide en que esta es una ciudad para vivir a gusto; largo sería enumerar las virtudes que en ella se encuentran, y muy concreto –y fácil- ubicar los problemas que la afectan; sin embargo, en estos días hemos visto con sorpresa como esta ciudad se conmocionó por algo que para nada contribuye para su superación: el oportunismo, y las conveniencias del poder.
Sin la lucidez y la picardía de un Abdalá Bucaram, aunque queriendo imitar su estilo, el actual prefecto lanzó por las ondas radiales un plato lleno de mierda (disculpen si les molesta, pero no existe otra palabra mejor para describir lo que dijo) a quienes el considera los causantes de su incómoda situación política; lo que menos entiende el prefecto es que lo que le está pasando se debe más a sus propios errores que a un supuesto complot para alejarlo del poder.
Y de ahí pasamos a la inmediata respuesta del hasta hace poco controlado y diplomático alcalde de Cuenca, quien en un momento de indignación decidió  rebatir los insultos; lastimosamente, ese momento culmen para cualquier político se vio empañado por supuestos seguidores del mismo alcalde; y digo supuestos porque si se había convocado a los periodistas para una rueda de prensa ¿quién incitaba a los seguidores a agraviar a esa misma prensa?
Entonces, lo que hasta ese momento había sido una discrepancia política entre enemigos íntimos, se convirtió en el merequetengue del momento, debido a que por obra y gracia de Fuenteovejuna, el Alcalde de Cuenca pasó a ser enemigo y perseguidor de los periodistas y los medios. ¿Habrá alguien que crea que eso puede ser cierto?
Nadie, ningún periodista, ha opinado sobre el verdadero origen que ha dado pie a su manifiesto mediático de “indignación y protesta”:  la procacidad y bajeza con la cuál el prefecto habló en su programa radial. Nadie.
Defendemos el hecho que ningún periodista pueda ser ofendido por un militante político;  pero de igual manera que ningún político deba tener patente de corso para obrar mediante acciones nocivas que deterioren la convivencia, el respeto al trabajo y a la dignidad ajena.

Ahora, un sector de la prensa local es  protagonista de un conflicto político, aunque omitiendo el verdadero origen de esta situación; para enfocarse  en el reclamo ante una “justa posición que intenta parar el insulto y el agravio que quiere ser instituido en esta ciudad” ¿Insulto? Agravio? Vale preguntarse: ¿De quién? Hacia quién? Alguien ha intentado señalar por qué empezó esto?
No he sido testigo directo de lo ocurrido, pero me parece que entre los periodistas y los dirigentes barriales es la primera ocasión en la cuál ocurre un incidente de esta naturaleza. Las disculpas emitidas por la dirigencia barrial dan fe de la capacidad de reflexión que existe en nuestra ciudad, y el reconocer que lo ocurrido fue un error debería provocar que los ánimos se calmen y se prosiga en el análisis y la sanción al verdadero causante de todo esto.
Sin duda los shows mediáticos tienen su atractivo; lastimosamente no podemos vivir de ellos, salvo que queramos una ciudad donde importen más la fiesta y el show antes que una verdadera generación de riqueza, de mejorar la educación, la vialidad, el trabajo, y sobre todo de hacer que Cuenca alcance la dimensión de una ciudad donde sea posible encontrar mayores posibilidades y mejores opciones de vida.
La dirigencia barrial se ha disculpado con los periodistas por el exabrupto, el alcalde ha salido a declarar que no volverá a responder a ofensas e insultos. Aquí termina la reflexión y empiezan las omisiones y los silencios,  porque de seguro nadie más se disculpará. 

Patricio Montaleza

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